lunes, 27 de febrero de 2012

Chicas de guerra


En 1917 la directora del instituto femenino Bournemouth, en Gran Bretaña se dirigió a una asamblea de 6º curso:
 “Voy a deciros algo terrible. Solo una de cada diez de vosotras se casará y no es una predicción mía. Es un dato estadístico. Casi todos los hombres que se podían haber casado con vosotras están muertos. Debéis abriros paso en este mundo lo mejor que podáis. La guerra ha dejado más huecos para las mujeres que antes, pero tendréis que luchar, tendréis que esforzaros”.
            Esta oscura premonición se convirtió en realidad para muchas mujeres durante la Gran Guerra. En los años 20 no era raro encontrarse en Gran Bretaña anuncios tan sorprendentes como estos:
          
  “Mujer, novio muerto, se ofrece para matrimonio con oficial ciego o totalmente mutilado en  la guerra”.

             Pero para muchas mujeres se abre ahora un camino que para muchas será un camino sin retorno, sustituir a los hombres en fábricas y empresas y desempeñar oficios hasta ahora reservados a ellos.

                   Está la chica revisora que te pide el billete de tren
            Y la que te lleva de un piso a otro en el ascensor
            Está la chica que reparte la leche cuando llueve,
            Y la que te hace los recados en tu casa,
Fuertes, sensatas y con vigor,
Están ahí fuera para demostrar su valor,
Hacen trabajos  con maña y sus fuerzas no flaquean,
Ni enjauladas ni encerradas,
Ahora van a dar la talla
Hasta que los chicos de uniforme vuelvan
                                   …
                                   Chicas de guerra (1916), de Jessie Pope

            Extractos del extraordinario libro de Virginia Nicholson: Ellas Solas. Un mundo sin hombres tras la Gran Guerra, editado por Turner, Madrid 2008

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